Siembra la luna
cada gajo de alma,
cuando sus
lamentos tajan lo oscuro
y le quitan a la
noche la calma.
Ni un sueño
inmaduro perfiguro
rondando las
sombras de su almohada
que el insomnio
cubrió con su cianuro.
Y si alza al cielorraso
una mirada,
que estando
acompañada es solitaria,
ya de pétalos,
mi cama, está colmada.
¡Mi propio
descanso, por ella, daría!
Mientras tanto,
como marchita una flor,
así mi alma
desojada se vería,
cada noche, lo
que dure su dolor.
10.Sept.2017
R. M. L. Avena