"Narrar es tejer un hilo inconsútil que resiste a la secante interposición de la
muerte y engendra contra ésta la duración." (José Ángel Velente, en "La narración como supervivencia")
El eco de una voz artificial de
mujer, que anunciaba la inminencia de un desastre, retumbó por toda la central.
Esa voz, ese anuncio, se abrió paso por las vibraciones del aire, perforó su
cráneo y sacudió su cerebro con la fuerza de un proyectil. Sin demora, corrió a
las plataformas, directo a la número 55, abrió la escotilla y abordó su nave
que la esperaba a punto para cualquier despegue.
Todavía aturdida, oía la sirena
sonar en la cabina, aunque hacía rato que esta se había apagado. Las voces de
su madre pidiendo que la ayudara con la mesa, los gritos de sus hermanos, su
padre imponiendo orden, se mezclaban en su cabeza junto con la de su jefe que
le ordenaba que abortara el despegue y regresara a la estación.
Golpeó con fuerza el panel de
control. De la rabia, apretaba con fuerza los dientes. Al instante, se modificó
la trayectoria, se abrieron algunos compartimentos y se rayó la pantalla. ¿Qué
estaba haciendo? Iba a romper la nave. Los dientes le dolían, aflojó la
mandíbula y reconfiguró la trayectoria.
Una luz roja en el panel de control
parpadeaba incesantemente. En la pared, un sistema de video-llamadas había sido
arrancado, los cables colgaban como tripas; los micrófonos habían sido
inutilizados; la navegación automática, bloqueada y pasada al viejo sistema
manual.
El tiempo la endiablaba. No importaba
cuánto accionara los propulsores, la velocidad no era suficiente. No iba a
llegar. Los minutos se estiraban… se aletargaban terriblemente, se le escurrían
entre los dedos. Maldecía la ilusión que distorsionaba el tiempo y lo hacía
avanzar más lento, como si los minutos mismos decidieran retrasarse y estirar
unos dedos sierpes a la nave, que trataba de escaparse y no lo lograba,
anclándola a su propia velocidad. Aún así, insistía en presionar botones, jalar
palancas y producir de ese modo, un nuevo impulso que la llevara más rápido y
más lejos.
A pesar de que la distancia con la
Colonia se reducía, sentía que tras de sí iba dejándolo todo. Ese viaje no
hacía más que imponer un olvido tajante. Así era como por última vez pensaba en
las caminatas nocturnas bajo las lunas, en los sabores de helado que detestaba,
en las tardes naranjas en casa de sus abuelos, en las peleas con sus hermanos, en
sus primeras lecciones de vuelo en aeronave, en los años de academia, en sus
deberes como piloto, en sus nuevos reclutas, en lo encerrada que había sido su
vida en la colonia y lo feliz que se había sentido cuando la habían transferido
a la Tierra…
Aún en aquella lejanía, una onda que
se expandió por la oscuridad del espacio alcanzó la nave y la hizo temblar.
La muchacha recibió la turbulencia
petrificada frente a los controles. No se sentó ni se ajustó el cinturón de
seguridad como habría hecho en cualquier otra situación, o como les enseñaba a
sus reclutas que se debía hacer. Caían cosas de los estantes y rodaban por el
suelo, pero para sus oídos, eran los cuadros de la casa de su infancia y los
libros de hojas amarillas en la biblioteca de su pieza los que caían y se trisaban
en sus pensamientos.
A esa altura del viaje, mientras
duraba la sacudida que la onda expansiva había dejado, la Colonia ya habría
sido consumida por el fuego incandescente del impacto y junto con ella, todos
sus habitantes también.
La nave se estabilizó y ella cayó de
rodillas en el suelo, con la mirada perdida. Entonces todo el sistema de
navegación y las luces se apagaron, lo único que permaneció encendido fue la
parpadeante lucecita roja en el panel de control. Alguien dijo, desde algún
micrófono perdido en la estructura metálica, que se habían visto obligados a
inutilizar los generadores del cohete y que este vagaría a la deriva en la
espesura hasta que un transbordador especial la rescatara, de acuerdo a las
coordenadas que se habían enviado automáticamente antes de la desconexión.
Ella veía caer las lágrimas en el
reflejo de su casco. Cada gota que resbalaba por su cuello era una nueva
resolución que la poseía. Arrancó con furia las mangueras de aire de su traje.
La relatividad del tiempo ahora la favorecía y le otorgaba horas vacuas antes
de que la vinieran a buscar. ¿Qué era de ella sin una Colonia de la cual huir?
Mientras tanto, le anunciaban que su licencia
había sido removida y que no podría volver a ejercer como piloto hasta que se
llevaran a cabo los procedimientos judiciales correspondientes. Después de eso,
la voz calló y por fin, todo en la nave se silenció.
Hola lectores inexistentes..no se ofendan por esta denominación, de este lado de la PC me cuesta creer en lo que no veo. Hoy traigo para ustedes el patrón de un personaje simpatiquísimo de Ghibli...<<simpatiquísimo>> como adjetivo es demasiado banal, mejor diré, un personaje escamoso, marítimo y sirenístico: Ponyo. Para quienes no lo conocen, es una sirenita que aparece en la película del mismo nombre que el personaje, del genial estudio de animación Ghibli. Yo la recomiendo, como recomendaría todo lo que Hayao Miyazaki hace. Este Ponyo fue un encargo que me hizo, hace bastante, mi hermana, pero que la facultad retuvo en las agujas y no lo dejó salir un buen tiempo y hoy por fin terminé.
Materiales:
Aguja de crochet 0000
Lana semigruesa beige, blanca, naranja, creo que con alrededor de 50 g cada una es suficiente.
Aguja Lanera
(Tijera, un ganchito auxiliar para marcar el punto que inicia la vuelta)
Vellón, cantidad necesaria para relleno.
Pañolenci rojo y un poquito de blanco y negro.
Centímetro.
Pegamento (ejemplo, unipox)
Referencias:
p: punto
pb: punto bajo
a: aumento
d: disminución
Como hacerlo:
Cabeza
Con color beige:
Hacer un anillo mágico de 6 puntos.
En cada punto, un aumento. Quedan 12 p.
* 1 pb, 1 a * Repetir de * a *. Quedan 18 p.
* 2 pb, 1 a * Repetir de * a *. Quedan 24 p.
En cada punto, un punto bajo. Quedan 24 p.
Repetir vuelta 5. Quedan 24 p.
Repetir vuelta 5. Quedan 24 p.
Repetir vuelta 5. Quedan 24 p.
* 2 pb, 1 d *. Repetir de * a *. Quedan 18 p.
* 1 pb, 1d *. Repetir de * a *. Quedan 12 p.
Se rellena con el vellón. Hacer 6 disminuciones y cerrar los puntos.
Cuerpo
Comenzar con color de lana beige:
Hacer un anillo mágico de 5 puntos.
En cada punto, un aumento. Quedan 10 p.
* 1 pb, 1 a * Repetir de * a *. Quedan 15 p.
En cada punto, un punto bajo. Quedan 15 p.
Repetir vuelta 4. Quedan 15 p.
Repetir vuelta 4. Quedan 15 p.
Repetir vuelta 4. Quedan 15 p.
Repetir vuelta 4. Quedan 15 p.
Repetir vuelta 4. Quedan 15 p.
Cambiar a color blanco. Hacer * 1 pb, 1d *. Repetir de * a *. Quedan 10 p.
Rellenar. Hacer 5 d y cerrar los puntos.
Bombacha x2
Con color blanco:
Hacer un anillo mágico de 5 puntos.
En cada punto, un aumento. Quedan 10 p.
* 1 pb, 1 a * Repetir de * a *. Quedan 15 p.
En cada punto, un punto bajo. Quedan 15 p.
Hacer * 1 pb, 1d *. Repetir de * a *. Quedan 10 p.
Rellenar y cerrar el tejido sin disminuir.
Brazos x2
Con color beige nuevamente:
Hacer un anillo mágico de 4 p.
En cada punto, un punto bajo. Quedan 4 p.
Repetir vuelta 2. Quedan 4 p.
Repetir vuelta 2. Quedan 4 p. Cerrar.
Piecitos x2
Con color beige nuevamente:
Hacer un anillo mágico de 4 p.
En cada punto, un punto bajo. Quedan 4 p.
Repetir vuelta 2. Quedan 4 p. Cerrar.
Armado
Para el pelo, se cortan tiras de unos 6 o 7 cm de lana naranja y se van atando, con ayuda de la aguja de crochet, a la cabeza. Se cubre toda una mitad, dejando espacio para el rostro. No se debe cubrir la base donde se va a coser al cuerpo y pueden dejar además, 1,5 cm de distancia desde la base a la última hilera de pelo naranja. Al finalizar, cortar cada hebra de lana a gusto, aproximadamente 2 cm de largo. Yo lo hice a ojo para que no quedaran todos iguales porque su pelo me da la idea de algo irregular, no normalizado. No coser la cabeza todavía.
A continuación, se cosen los dos circulitos de la bombacha a la zona blanca del cuerpito hacía abajo y juntas, como muestra la imagen.
Luego, coser los dos bracitos a los lados del cuerpo y las piernitas a las bombachitas.
Para los ojos, yo hice dos ovalitos blancos y les pegué en el centro dos circulitos negros de pañolenci, ambos los ubiqué donde mas me gustaban en el rostro, lo marque con alfileres y los pequé con pegamento.
Para la ropita, se requieren tres medidas: Alto (se toma desde el comienzo del cuerpo hasta la mitad de la bombachita), ancho de hombro (contorno de la zona superior del cuerpito, por encima de los bracitos) y el ancho de la bombacha (contorno de la parte mas ancha de la bombacha). Las medidas "Ancho" se dividen por la mitad. Con estas medidas se arma un trapecio isóceles en papel, a modo de molde (recomiendo agregar 5 cm de ancho al mismo, en consideración de la costura, yo no lo hice y por eso quedó como ajustado). Recortar luego, en el pañolenci rojo, dos de estos trapecios usando el molde y coserlos para el vestidito. Luego ponerlo sobre el cuerpo y coser la cabeza.
Extra!!!! Le agregué una boquita, para que vean como queda: