A mi amigo y a mí nos gusta ir a la plaza, subirnos a un
árbol y tener conversaciones filosóficas mientras miramos a la gente desde la
altura. Estábamos en eso cuando recordé una charla que había escuchado
por la mañana, así que antes de que se fuera, le pregunté:
-¿Vos creés, realmente, que un discurso es capaz de
manipular la percepción de un individuo sin recurrir a las falacias?
-Totalmente. –Respondió y se alejó volando.
1.Agosto.2018
R. M. L. Avena