jueves, 27 de septiembre de 2018

Experimentación 1


-Benja, ¿Podemos hablar?

Benjamín la siguió hacia otra habitación, lejos del bullicio de la juntada. Cuando Daniela se aseguró de que nadie los había seguido y de que allí no serían molestados, cerró la puerta. Benjamín se sintió incomodo por un momento, mil suposiciones le pasaron por la cabeza, pero como “no daba” adelantarse a los hechos, se limitó a exteriorizar su ansiedad:

-¿Qué pasa? ¿Para qué me trajiste acá?

-No es nada grave, no te asustés…

-¿Qué pasa?

-¿Viste eso de “Las paredes oyen” y toda esa onda?

-Uh, no me digas ¿Qué te dijeron ahora?

-No, no, no me entendés. No es que me han dicho algo, pero mirá, prestá atención…

-¿Qué?

Se hizo un silencio.

-No escucho nada.

-No es algo que tengas que escuchar… A ver… ¿Cómo lo explico? Empezó hace unos días, me he dado cuenta de que no estamos solos.

-Oh... no me digas que ahora estás vos con ese rollo de lo paranormal, dejáme de joder, ya tengo bastante con la otra.

-¡Pará! Escucháme un poquito, nos escuchan, ¿Ves? Ahora mismo, cuando hablamos. Por eso te traje acá, ni siquiera con la puerta y las ventanas cerradas, ni siquiera escondiéndonos por ahí nos libramos de que nos espíen. Fijate. ¿Te das cuenta? ¡Fijate!

Benjamín miró despacio hacia todos lados, recorrió cada esquina de la habitación. Un poco escéptico, aunque sin querer admitir que su amiga se había vuelto loca, miro hacia el techo, escuchó, pero solo sintió la bulla de los que se habían quedado en la otra sala y los ruidos normales de afuera de la casa.

-No sé a qué te referís –le dijo, elevando los hombros. Ella le hizo un gesto con los ojos y entonces lo supo.

Escuchó una respiración que no era ni la suya ni la de ella, otros ruidos que venían de quien sabe dónde y la mirada, una miraba que pesaba. Sintió un escalofrío por la espalda. Nada estaba a salvo de esa mirada escrupulosa, ni de esos oídos capaces de palpar lo inaudito, la realidad era absorbida por ellos a través de todos sus sentidos al mismo tiempo. Si Daniela no se lo hubiera dicho, él nunca habría sido consciente de la situación, ahora jamás podría ignorarlo.

Se sintió expuesto, ya no podría confiar ni en la propia intimidad de su mente, todo era conocido por ese ser. ¿Había un límite de lo que podían saber? ¿Cómo podría vivir ahora que se había dado cuenta? Hizo acopio de todo su valor y su orgullo y lanzó su propia mirada hacia arriba, más allá del techo de la casa, más allá de ese cielo azul inexpresivo, más allá de ese espacio infinito, más allá de la nada, más allá de las letras en el blanco de la hoja, su mirada se fugó de la historia hasta toparse limpiamente con esos ojos, los ojos que lo leen... Vos.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Percepción


    A mi amigo y a mí nos gusta ir a la plaza, subirnos a un árbol y tener conversaciones filosóficas mientras miramos a la gente desde la altura. Estábamos en eso cuando recordé una charla que había escuchado por la mañana, así que antes de que se fuera, le pregunté:

   -¿Vos creés, realmente, que un discurso es capaz de manipular la percepción de un individuo sin recurrir a las falacias?

    -Totalmente. –Respondió y se alejó volando.



1.Agosto.2018
R. M. L. Avena

miércoles, 18 de abril de 2018

Sobre la épica de la vida.

Algunas victorias son más dolorosas que las derrotas
                                                        y más cruentas que las batallas que se libraron por ellas.

domingo, 21 de enero de 2018

Voy a tomar sin permiso


Voy a tomar sin permiso tu silla
y tomando el envión de la brisa,
voy a llevarte a recorrer una milla.

Voy a tomar sin permiso tu risa,
esa que hace ya tiempo no siento,
y la voy a desempolvar con prisa.

Voy a tomar sin permiso tu aliento
para contarme la historia que anida,
como los gorriones, tu pensamiento.

Voy a tomar sin permiso tu vida
antes que la vieja, sino de mirlo,
una sus pisadas a tu partida
y te aparte de mi sin pedirlo.

21.Enero.2018
R. M. L. Avena