jueves, 19 de marzo de 2015

Luz y oscuridad


Luz.
Encendió el fósforo en tan solo un segundo y la claridad se expandió lentamente desde el extremo carmesí, como dibujada, como coloreada por una mano hábil en una circunferencia perfecta que alcanzó apenas sus pestañas y rozó levemente la piel de su cara. Pintó a una de marrón y a la otra de un sonrosado vital.
Índice y pulgar, juntos, trazaron un nombre en la oscuridad y el fuego residual quedó micrométricos segundos suspendido en el aire. Siendo ese nombre.
Siendo todo lo que implicaba ese nombre.
Oscuridad.
Sus pensamientos la apabullaban. ¿Y si…? Pero no. Algunos cruces casuales y ella había quedado totalmente prendada de él. Algunas charlas y ya no podía dejar de ver lo que se había fijado en su retina con tanta fuerza. ¿Y si sentía él lo mismo cuando se la cruzaba? Pensaba… Pero no. Era imposible. Sentía que era imposible que alguien se fijase en ella.
Luz.
Otro fósforo raspó veloz el borde de la caja.
El reflejo de la luz era el mismo que sus ojos. No iba a pensar nada más… Su corazón latía sin pausa y no podía dormir. Las sensaciones eran placenteras. Ahora solo veía la llama azul como fascinada, pululaba en el vacío oscuro de la habitación, retenida por un trozo de madera. ¿Y si la dejaba volar?
Oscuridad.
Sopló fuerte el cerillo antes de que se consumiera el palito y alcanzara sus dedos. Se sentía tonta. Recordaba la última vez que habían hablado y las cosas que le había dicho. Eran pocas, pero suficientes como para avergonzarse de ellas.
No había colores, no había vida, no había verdad en tanta oscuridad, pero podía sentir el calor asentarse en sus mejillas y la angustia aplastar su pecho con tanta intensidad, que casi podía creer que realmente estaba el mundo allí, detrás del manto negro.
Luz.
Su vista se aclimataba de nuevo a la vida y todas aquellas sensaciones se perdían como si nunca hubiesen existido. Apenas podía recordarlas. Ahora pensaba ¿Volveré a verlo mañana?
Su hermana se removió en la cama de al lado y ante el temor de despertarla, sopló con todo su entusiasmo y se entregó a posibles sueños agradables.
Oscuridad.
El último fósforo de la noche se apagó. Intermitente, como su corazón.
Marzo 2015
R. M. L. Avena

No hay comentarios:

Publicar un comentario