-No es justo, yo
también quiero subirme…
-No seas tonto. Vos
vas a comer helado con nosotros y ellos no.
Fue tomado de la
mano y arrastrado con toda la gente adulta mientras no dejaba de mirar a su
hermano mayor que iba a remontar el cielo con su padre en un reluciente y nuevo
auto volador. Sin poder soportarlo más, se soltó de la mano de su madre y
corrió detrás de la estela plateada que había dejado el vehículo al desplazarse
por la pista, dejando a su madre atrás muy asustada chillando su nombre y a
todas las otras personas sorprendidas.
El auto volador rozó
el suelo antes de elevarse majestuosamente. Él lo alcanzo en ese momento y
estiró sus dedos hacia la cabina. Su madre paralizada de miedo no dejaba de
llorar, corrieron todos los demás detrás de él hasta que el vapor plateado
impidió la visión y ya no se animaron a acercarse más. Las turbinas succionaron
el aire a su alrededor e impusieron un sonoro silencio, los gritos dejaron de
escucharse solo un momento.
Mientras desaparecía
aquella niebla y el silencio real aparecía, un lastimero grito de la madre
llamando a su hijo sonó a verdadera injusticia en el aire. Nadie se atrevía a
voltear para verla llorar desesperada y gemir un nombre. Cuando se disolvió en
el aire todo el vapor, alzaron la vista y vieron solo el vehículo alejarse pequeño
entre nubes algodonosas y la pista completamente vacía.
R. M. L. Avena
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