miércoles, 28 de enero de 2015

El auto volador

-No es justo, yo también quiero subirme…

-No seas tonto. Vos vas a comer helado con nosotros y ellos no.

Fue tomado de la mano y arrastrado con toda la gente adulta mientras no dejaba de mirar a su hermano mayor que iba a remontar el cielo con su padre en un reluciente y nuevo auto volador. Sin poder soportarlo más, se soltó de la mano de su madre y corrió detrás de la estela plateada que había dejado el vehículo al desplazarse por la pista, dejando a su madre atrás muy asustada chillando su nombre y a todas las otras personas sorprendidas.

El auto volador rozó el suelo antes de elevarse majestuosamente. Él lo alcanzo en ese momento y estiró sus dedos hacia la cabina. Su madre paralizada de miedo no dejaba de llorar, corrieron todos los demás detrás de él hasta que el vapor plateado impidió la visión y ya no se animaron a acercarse más. Las turbinas succionaron el aire a su alrededor e impusieron un sonoro silencio, los gritos dejaron de escucharse solo un momento.

Mientras desaparecía aquella niebla y el silencio real aparecía, un lastimero grito de la madre llamando a su hijo sonó a verdadera injusticia en el aire. Nadie se atrevía a voltear para verla llorar desesperada y gemir un nombre. Cuando se disolvió en el aire todo el vapor, alzaron la vista y vieron solo el vehículo alejarse pequeño entre nubes algodonosas y la pista completamente vacía.



R. M. L. Avena

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