Era el camino,
torcía sus pies.
¿La perdía? No.
La hundía con él.
Y en el fondo, bien
fondo, del bosque
lo vio: sublime,
inmóvil, cruel.
Y el torcido, muy
torcido, árbol la
observó: ¿Belleza,
le dijo, te doy?
La pobre, tonta,
joven no vio,
ignorando el mal,
Sí -respondió.
En ese punto
se volvió a mirar,
de sepia ocaso
se llenó el lugar.
Un conjuro fuerte
trocó a rosa su piel
y en sierpes raíces
transformó sus pies.
-¡No llores, necia,
ni grites que aquí
no hay oídos cerca
que te puedan oír!
Lo que quisiste
te lo concedí.
Así le dijo el
árbol, la dejó ir.
Y esa noche misma,
la inocente luna
de una hermosa rosa
se prendó perdida.
Nov.2014
R. M. L. Avena
Tienes la habilidad de tejer palabras, sigue practicando!... Me gusta...TMTQM
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